Samhein is coming

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Rocavarancolia me perseguía.

Puse fin a la trilogía hace tres años, pero esa ciudad delirante y febril permanecía en mi cabeza, agazapada, a la espera. «Más ―decía―, quiero más». Y de vez en cuando me encontraba con lectores que, osados ellos, también repetían lo mismo: «Quiero más. Quiero saber más de los personajes, quiero saber lo que pasó después… ».

Era inevitable, por tanto, que regresara a Rocavarancolia. El 31 de octubre de 2012 escribí el primer relato de Samhein, un regalo para los lectores en esa fecha tan significativa para la saga. Llevaba por título Cosechar el alba y en ese cuento teníamos un primer atisbo de lo que ocurrió después de los sucesos narrados en La sombra de la luna. Y no solo eso, planté la semilla del que sería el cuento del 31 de octubre del año siguiente, El arte de la guerra. Precisamente mientras estaba redactando este cuento se me ocurrió la delirante idea de no parar ahí, de dejarme llevar de nuevo por esa ciudad encantada y sus habitantes y ver hasta dónde era capaz de llegar. ¿Por qué no? Busqué una fórmula que me permitiera mantener el contacto con Rocavarancolia sin que me quitara demasiado tiempo de otros quehaceres y decidí que lo más práctico era continuar la saga a base de relatos breves, cuentos muy cortos con los que seguir dando pinceladas al universo de la Luna Roja. Comencé el 31 de octubre del 2013 y a día de hoy (12 de octubre del 2014) todavía continúo. Y mi intención es seguir así, siempre y cuando las obligaciones me lo permitan, por supuesto.

Estos relatos aparecen con periodicidad semanal en la cuenta de Twitter @rocavarancolia. Todos los lunes a las diez hay un cuento nuevo; va apareciendo fragmentado, frase a frase, hasta completarse. Es evidente que Twitter no es la plataforma más adecuada para este tipo de iniciativas, pero no me importó cuando me puse a ello y tampoco me importa ahora. El tener un acceso tan directo e inmediato al lector me anima a continuar con esta historia, además de que ese formato corto, que no se presta a la gran parrafada, me facilita escribir los relatos. Y aun así tengo que reconocer que en más de una ocasión he estado a punto de no llegar a tiempo a la entrega semanal. Ha habido noches en las que he escrito la última frase del cuento unos minutos antes de que tocara publicarla. Me supone también un ejercicio de creatividad el dar con algo nuevo que contar cada semana. De momento no estoy teniendo muchos problemas con ello, Rocavarancolia sigue siendo un terreno fértil del que conseguir historias.

A lo largo de este año hemos conocido detalles del pasado de la ciudad y hemos acompañado a la cosecha de Denéstor Tul más allá de La sombra de la luna. Hemos conocido a nuevos personajes, amigos unos, enemigos otros y alguno que otro un tanto ambiguo. La historia ha seguido creciendo, poco a poco, muy poco a poco, pero de forma continua. Y esa seguirá siendo la tónica de estos relatos a lo largo del año próximo. Seguiremos avanzando en el futuro de Rocavarancolia a la par que, de cuando en cuando, echaremos un vistazo hacia atrás para conocer más de su pasado.

Como he comentado, reconozco que Twitter no es el lugar más idóneo para publicar estos relatos y, sobre todo, para que un posible lector puntual se quiera poner al día buceando en el historial. Eso será subsanado en breve. El recopilatorio de relatos está cerca. Justo ahora mismo estoy trabajando en ello, parte de esta entrada, de hecho, servirá de prólogo a ese libro.

Se acerca el 31 de octubre, y todos sabéis lo que significa eso, ¿verdad?

El viaje continúa.

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